Bibliohemeroteca: acabar con el estigma del VIH

Imagina que eres una mujer transgénero que un día se levanta, va al médico y le detectan VIH.*

Imagina que recibes esta noticia y después debes encaminarte a tu hogar, que se encuentra en Iztapalapa, una de las alcaldías con menos manutención por parte del gobierno; con más escasez de recursos básicos; con el porcentaje más alto de casos de violación y con 371 carpetas de investigación actualmente abiertas respecto al tema; con el mayor número de casos de secuestros en la ciudad; con más de dos mil casos en proceso de investigación en violencia familiar; con uno de los porcentajes más altos en la tasa de feminicidios… Imagínate.

Tu familia no sabe que eres trans. Y ahora, tendrás que decirles también que estás enferma. Y sí: además de aguantar a las personas del barrio, tendrás que aguantar todo tipo de comentarios denigrantes, basados en estigmas y fobias irracionales por parte de tus familiares más cercanos.

Te sientes sola y excluida de tus círculos más cercanos. Estás cansada, necesitas un refugio, o al menos, hablar con alguien que te entienda. Tu médico te manda a la Clínica Especializada Condesa-Iztapalapa. Asistes con desgana y, de pronto, mientras esperas pasar a tu consulta, algo llama tu atención: frente a ti está la entrada a una sala llena de libros. Lees: “Bibliohemeroteca Francisco Galván Díaz”.

Te acercas a la puerta y, al asomarte, notas que un grupo de varias personas está sentado en sillas colocadas en forma de círculo. Te palpita el corazón con fuerza. Esas personas se parecen bastante a ti. Ellas también lo notan. Te preguntan si vienes por el grupo de apoyo. Mientes y dices que sí. Entras en la bibliohemeroteca y te sientas en una de las sillas vacías. Casi parecía que te estaban esperando.

Comienzas a hablar con las chicas a tu alrededor como no habías hablado en semanas, desde que recibiste la noticia de tu enfermedad. Tenías razón, ellas también son trans. Y también tienen VIH. Un par de ellas lideran la conversación y motivan a todos a no ver su enfermedad como algo que va a arruinarles la vida. Todos terminan compartiendo experiencias y, finalmente, la reunión termina. Pero tú no quieres irte.

Un par de jóvenes que se encontraban en la entrada avanzan hacia ustedes y comienzan a hablar. Se presentan contigo, por ser nueva, y te cuentan que vienen de la Universidad Iberoamericana. Te hablan de bibliohemeroteca y de lo que buscan con su apertura al público en general. Te ilusiona el proyecto y quieres formar parte de él. Te preguntan si crees que es necesario algún otro tipo de material en la biblioteca y tú sugieres libros con fotos de distintos países, porque siempre tuviste la ilusión de salir a conocer el mundo. Temes que tu propuesta sea tonta, pero es muy bien aceptada.

Comienzas a asistir de manera cotidiana a las reuniones semanales que el grupo de chicas trans ofrece, y también comienzas a conocer a personas que son parte de otros grupos que se reúnen ahí. Un lunes, te encuentras con cuatro chicos de quince años que asisten a la escuela ubicada a lado de la clínica y que buscan libros para un par de tareas que deben realizar; el personal capacitado de la Ibero les indica cómo buscarlos y los apoyan para encontrar más información.

Un miércoles, conoces a un grupo de señoras de la tercera edad, también enfermas, que tienen mucho interés en leer libros de cocina y hacer recetas propias que sean igual de deliciosas. El personal de la Ibero, al poco tiempo, ya tiene varios libros de cocina en la bibliohemeroteca y, además, varios estudiantes universitarios de la misma institución les ofrecen ayudarlas a escribir un recetario, editarlo y publicarlo.

Un viernes te encuentras en la sala de espera con dos mujeres que deben dejar a sus niños chiquitos en algún lugar mientras pasan a su cita. Las ves un poco estresadas, así que te acercas a ellas y les sugieres la bibliohemeroteca para que sus niños las esperen. Te toman la palabra y los niños pasan un momento muy agradable leyendo libros infantiles y realizando actividades que el personal los pone a hacer.

Y todos estos grupos conviven los distintos días de la semana en un mismo espacio. A veces coinciden, a veces no, pero siempre que lo hacen, conviven como si se conocieran de toda la vida, y no hacen distinción con nadie. No hay prejuicios, ni insultos, ni fobias, ni nada de lo que estás acostumbrada a vivir afuera. Te sientes segura, informada y feliz, porque has encontrado un lugar en el que no eres tan importante como todo los demás.

Un jueves, llegas temprano a tu cita y, para pasar el tiempo, entras a la bibliohemeroteca.

Te quedas boquiabierta, en silencio.

Te acercas a una de las estanterías que antes estaba vacía, pero ahora no. Ahora observas con alegría que tiene, en orden alfabético, un pequeño montoncito de libros con información y fotos de los lugares más representativos de cada país de Europa.

Tomas uno, te acercas a una silla, te sientas y, con una sonrisa en el rostro, comienzas a leer.

*Este es un texto de ficción escrito para Impulsa Ibero por becarios de la IBERO

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IBERO INAUGURA BIBLIOHEMEROTECA EN CLÍNICA PARA PERSONAS CON VIH-SIDA:
https://www.ficsac.mx/ibero-inaugura-bibliohemeroteca-en-clinica-para-personas-con-vih-sida