Capeltic: Café con sabor a emprendimiento.

7 de Abril del 2019 – El café es un elemento importante en las mañanas de alumnos, profesores y empleados de la IBERO. Uno de los lugares predilectos de la comunidad universitaria es Capeltic.  Su café tiene algo especial, algo que no se ve a simple vista; pero ¿qué es lo que le da ese toque especial al café de Capeltic? Esta semana el objetivo es poner los reflectores en los que hacen posible que podamos tomar una calientita taza de café, disfrutar de un alfajor y comer un cuernito exquisito.

Tuve la oportunidad de poder hablar con Gerardo Gómez, hijo de uno de los productores de café con los que trabaja la cooperativa Yomol A’tel a la que pertenece Capeltic. Él es egresado de la “Escuela de Café” y se encarga de las finanzas, lleva aproximadamente 5 años trabajando para la cooperativa de manera gozosa. En una breve entrevista, tuve la oportunidad de preguntarle a Gerardo sobre sus orígenes, su trabajo en la cooperativa y que me explicase cómo funciona el proyecto de la cooperativa Yomol A’tel.

Inicié la entrevista preguntándole a Gerardo sobre su lengua materna. Él me contestó que era el tzeltal, una de las lenguas mayas presentes en Chiapas, estado en donde se lleva a cabo la producción del café que utiliza Capeltic. Esto tiene que ver con la identidad de los productores de café que son socios de la cooperativa Yomol A’tel, ya que la mayoría de los productores de café son pertenecientes a esta etnia (Tzeltal), aunque no solo la conforman ellos, también una pequeña población Chol.

Esto es lo especial del proyecto, su operación se sustenta en las comunidades indígenas que habitan en las zonas donde el grupo Yomol A’tel opera. Juntos fomentan una economía solidaria, lo que gastamos en Capeltic va de regreso a la comunidad que produjo el café, la que lo proceso y la que lo llevó hasta nuestras tazas. El que gente en roles administrativos como Gerardo hablen el Tzeltal es fundamental para poder entablar una buena relación entre los productores de café y los que administran el proyecto, si cualquier duda surge, cualquier problema o cualquier necesidad que tengan los productores, tienen la certeza de que cuentan con alguien que los puede ayudar. Y aún más importante, alguien que puede comunicarse y ayudarlos en su propia lengua.

El que Gerardo me dijera esto, me llevó a preguntarle acerca de su experiencia en la escuela de café. El me respondió que cuando entró, él estaba en blanco, no sabía nada de nada. Sin embargo, aprendió todo lo necesario para no sólo poder trabajar en la rama administrativa o en una cafetería como barista, sino que la escuela de café de Capeltic le dio las herramientas necesarias para poder impulsar su propia cafetería. Él, no obstante, optó por las labores administrativas y permaneció trabajando para la cooperativa.

Antes de continuar creo pertinente mencionar una frase en Tzeltal: Lekil kuxlejale, lo que se traduce como “la buena vida”, esto tiene que ver enormemente con la idea de economía solidaria entre las comunidades indígenas y la cooperativa. Buscan crear juntos una robusta cadena de producción y remuneración.

Esto se liga al proceso que sigue la cooperativa para poder llevar el café desde los plantíos hasta las tazas que consumismos en la IBERO.  Primero, hay que decir que los precios a los que compramos cada taza, cada kilo de café molido u otro producto, son los más justos posibles. Esto tiene que ver con la calidad del café. Gerardo me comentó que el trato que tienen con los productores de café siempre es muy cordial, y que conforme va creciendo la calidad del café que producen, el precio que les dan se va volviendo mejor. Esto incentiva que se quiera seguir plantando café, ya que en un mundo tan competitivo como el del café, los precios bajos matan el deseo de producir.

Una vez comprado el café al precio más justo (determinado por un muestreo), se pasa a la planta procesadora que procura cuidar al máximo la calidad de los granos de café.  Una vez procesado el café, la cooperativa lo compra a un precio considerable (otra vez determinado por la calidad del café). La cooperativa envía el café a todos los Capeltic y ahí es transformado en las deliciosas tazas de café que todos amamos y disfrutamos por igual.

Finalmente, con Gerardo pude llegar a una conclusión: El que gente como él, hijos de productores, estén tan inmersos en el proyecto de la cooperativa, mantiene y fomenta una buena relación entre ambas partes. Con el apoyo de todos, el proyecto sigue creciendo e inspirando a más jóvenes de las comunidades mayas a querer tener su propia cafetería o su propio cafetal.

Así que ahora lo saben, cada taza de café que compramos en Capeltic, no es el producto de una sola compañía que busca generar ingresos. Es el producto colectivo de un conjunto de personas que buscan producir café para poder hacer que sus comunidades se sigan desarrollando, de una forma unida e interesada por el bien común. Recuerden, cada taza de café, tiene el sabor del emprendimiento.

*Todas las fotos son cortesía de Capeltic

Patricio Hernández Palazuelos.
@patricivs_